Bolivia Por mi que se vayan: revocatorio efectivo

Gonzalo Rojas Ortuste
gorojas_99@yahoo.com

Contra lo que la mayoría de los opinadores sostiene, la movida del
Senado para aprobar la propuesta de Ley de referéndum revocatorio
enviada por el Presidente hace más de 4 meses, puede ayudarnos a
destrabar la situación, cada vez más irresoluble por el encono del
enfrentamiento entre oficialismo y oposición. Fundo esta posibilidad
porque -de mediar un acuerdo básico o mínimo para efectivizarlo- la
definición protagónica estará en campo ciudadano, no en nuestras
lamentables cúpulas políticas: las emergentes y las desplazadas en
las regiones, principalmente en la denominada “media luna”.

La razón primordial para efectuarlo, en mi perspectiva, es que la
configuración de mayorías cruzadas (MAS en ámbito nacional y
prefectos opositores en “media luna”) ha desatado una dinámica perversa, pues cada parte cree o intenta al menos anular al otro contra todo realismo, y ha exacerbado el enfrentamiento hasta ya
parecer imposible reconducirlo. Ninguna de las partes se ha detenido
ante violaciones a la Constitución y al espíritu de legalidad, que es
poner límites y contener la arbitrariedad que se sustenta en la
fuerza. En breve, el proyecto de constitución oficialista es ilegal,
lo mismo que los proyectos de estatutos de cada departamento que en
julio 2006 habían conquistado legalmente su derecho a ser autonómicos.

Las reacciones de los prefectos y sus voceros has sido “le entramos, pero siguen los referenda” ; es decir, sigamos con el desorden deliberado. Porque las autonomías están bien, y si tuviéramos una clase política digna de tal nombre, hace meses –si no años- que se habría compatibilizado la demanda departamental y la indígena sin los excesos que las hacen inviables. La revocatoria en cualquier lugar del mundo que opera es para evaluar la gestión de las autoridades, y lo que nos están mostrando cada día el ejecutivo y los prefectos y cívicos es que se aborrecen y son incapaces de concertar. Por supuesto la política implica manejo de conflicto, pero aquí se ha
entendido como exacerbación del mismo.

Por eso es que pienso que, parando todos los procesos electorales;
excepto la elección de prefecto de Chuquisaca- debemos hacer fuerza
para que se vayan unos y otros: han dado muestras irrefutables de
incomprensión de la política también como convivencia y como nunca
desde que tengo memoria, y lo que conozco por historia, hay un riesgo
cierto de la fractura del país y de crispamiento de la cohesión
nacional. Un análisis frío, no deja eximidos de corresponsabilidad en
ello al oficialismo lo mismo que a la oposición. Recompuesto luego el
escenario político alejando las posiciones extremas e irreconciliables, podremos seguir con el proceso constituyente que no
conculque las autonomías departamentales y reconcilie nuestra
trayectoria republicana con apertura intercultural pues nunca podrá
ser de venganza, porque con rencores no se construye futuro
democrático y debemos ser capaces de cosechar elementos de orgullo de
nuestro pasado común: los hay y por ello no hemos desaparecido hasta
ahora.

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