Bolivia Por una educación “realmente” descolonizadora

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Por una educación “realmente” descolonizadora

Víctor Hugo Quintanilla Coro

Cultura Quechua, Norte de Potosí

1. Uno de los imperativos de la descolonización es que los últimos
deben ser los primeros, pero después de cuatro años de Revolución
Cultural, las culturas indígena-originarias siguen siendo las últimas
en el campo de la educación, específicamente en el “nuevo” currículo,
el borrador del borrador, del Sistema Educativo Plurinacional (SEP).
Este defecto pareciera indicar que si no son quechuas, yurakares,
chiquitanos o aymaras quienes estructuren un currículo, para tener una
educación con pertinencia lingüística y cultural, nadie más podrá
cumplir con ese cometido.

2. Desde el 2006 sabemos que la educación debe ser descolonizadora,
intra-intercultural-plurilingüe, comunitaria y productiva, pero el
hecho es que todo el currículum del SEP continúa siendo colonial,
monocultural-monolingüe e individualizante. Amén de sus serios
defectos de fundamentación teórica, de la inactualidad y
enciclopedismo de los contenidos disciplinares, de su pedagogía y
didáctica bancaria-constructivista y de su carácter meramente
discursivo en lo que respecta a imperativos como el vivir bien.

3. El currículum sigue siendo colonial monocultural-monolingüe, porque
no existen planes ni programas para la enseñanza-aprendizaje de
lenguas indígena-originarias ni los diferentes planes de estudio de
los diferentes subsistemas de educación incorporan los saberes y
prácticas de la diversidad cultural. La relación entre contenidos
occidentales y contenidos de las culturas es de 90% contra 10%, más o
menos. Siendo así, ¿como es posible iniciar el proceso de cambio de la
educación sin lenguas indígenas y sin currículos que sean básicamente
aceptables?

4. La orientación de nuestra pregunta es poner en cuestión la
convocatoria a las Escuelas Superiores de Formación de Maestros. No
comprendemos por qué dicha decisión ha sido tomada antes de que los
contenidos de la diversidad cultural se encuentren efectiva y
realmente cristalizados en los nuevos diseños curriculares. Para luego
es tarde. Esto significa que si no se detiene dicha convocatoria, la
postergación de las culturas indígenas será mucho más que un hecho: se
convertirá en un punto de partida, en una condición, para pensar y
hablar sobre el cambio, mientras todo debe seguir siendo igual. Pero
aún hay mucho más.

5. ¿Qué pedagogía y didáctica usarán los formadores de maestros si
hasta ahora el mentado enfoque socio-comunitario productivo no tiene
ningún espesor teórico-práctico? ¿Quiénes enseñaran lenguas indígenas
si en el magisterio no existen profesionales formados para tal efecto?
¿Qué contenidos de la diversidad cultural serán articulados si hasta
ahora no podemos decir que hayan currículos que sean descolonizadores,
intra-interculturales, comunitarios y productivos? ¿Quiénes educarán
en contenidos de especialidad a nivel de licenciatura como filosofía,
historia, biología o psicología si en las ex-normales no existen
académicos formados en dichos contenidos disciplinarios? No es lo
mismo ser biólogo que enseñar biología. La diferencia ya no es sólo
pedagógica-didáctica ni puede ser respondido con el ya devaluado
argumento de la “experiencia de aula”. Lo que está en juego es cómo
vinculamos contenidos disciplinarios a nivel académico con una
pedagogía y didáctica para hacer que los procesos de
enseñanza-aprendizaje sean descolonizadores.

6. La relación entre contenidos disciplinares y pedagogía-didáctica
sin articular a dicha relación las lenguas de las culturas no hará más
que reiterar la tradición colonial, de factura occidental-moderna, que
la educación ha seguido desde el siglo XV, muy a pesar de los tacanas,
mojeños, lecos, urus, guaraníes, yaminawas o quechuas. Desde un punto
de vista político, esto significa que si el proceso de cambio se
inicia sin disponer de currículos que sean intra-interculturales
plurilingües, caeremos en el defecto de desarrollar prácticas
educativas anticonstitucionales. Recordemos el artículo 78/II de la
Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia: “La educación es
intracultural, intercultural y plurilingüe en todo el sistema
educativo.” Entonces definitivamente, no se trata de creer que los
problemas se resolverán en el camino. Esta respuesta, además de ser
retórica, implícitamente acepta que las lenguas y contenidos de la
diversidad cultural deben seguir ocupando el segundo lugar. Pero,
claro, qué importa esa postergación mientras los contenidos
occidentales sigan siendo los primeros y mientras haya algo que se
pueda seguir repitiendo hasta el cansancio a los estudiantes de las
escuelas normales o a los educandos de primaria y secundaria.

7. Al expresar de este modo nuestro pensamiento, no estamos pidiendo
absolutamente nada sobre lo que no se esté fundando el gobierno del
Movimiento al Socialismo. Lo único que pedimos es mayor seriedad,
coherencia y consecuencia real para con los principios del Proyecto de
Ley de Educación Avelino Siñani-Elizardo Pérez y decisiones y
conductas constitucionales. Por eso, seguir pensando en una
“educación” al margen de las lenguas indígena-originarias no puede ser
plurinacional ni plurilingüe, ni siquiera poder llamarse Educación.

8. La diversidad cultural no ha nacido a la lengua castellana para
continuar siendo educada sólo en esa lengua. Cada cultura, pueblo o
comunidad originaria no-occidental tiene un mundo porque ha nacido a
una lengua propia, a una manera de reproducir su espiritualidad, sus
saberes, su economía y su política. Después de siglos de persistente
castellanización, ¿acaso en estos tiempos de descolonización no
tenemos el derecho a tener una educación que garantice cotidianamente
la reproducción intra-intercultural-plurilingüe de nuestras
identidades? ¿Hasta cuando debemos seguir aceptando decisiones sobre y
para nuestras culturas de hermanos y hermanas que apenas saben de
nuestra existencia, de nuestros usos y costumbres, y que todavía usan
la educación para preservar sus intereses gremiales o políticos, más
que para avanzar realmente en la revolución cultural?

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