La cultura andino amazónica

Miguel Lora Ortuño

Entendemos por cultura al conjunto de conocimientos científicos, literarios y artísticos adquiridos; al conjunto de estructuras sociales, religiosas, etc., y de manifestaciones intelectuales, artísticas, etc., que caracterizan a una sociedad. De manera más general, podemos decir que cultura es todo lo que el hombre ha transformado y creado sobre la naturaleza.

Cuando las autoridades hablan de la cultura andino-amazónica como uno de los principios de la nueva currícula educativa, ¿quieren hacer entender que estas formas culturales encierran a todo el ámbito nacional? ¿Qué todos los que viven en el Occidente están impregnados de la cultura andina y la totalidad de los orientales de la cultura amazónica? Este pensamiento esquemático es insostenible.

Los hombres adquieren una estructura cultural, formas de conciencia y modos de concebir la realidad, según la manera cómo y con qué medios producen; cómo viven; cuál es el grado e desarrollo material en el medio donde existen. "La existencia social determina la conciencia social", decía Marx.

Estamos obligados a analizar, de la manera más objetiva posible, cómo es Bolivia. Se trata de un país de economía combinada; están presentes todos los estadios por donde ha pasado la humanidad en su desarrollo, desde formas de producción recolectoras (barbarie), pasando por formas de producción esclavistas, feudales, hasta la producción maquinizada más avanzada del capitalismo, sobre todo en la parte de la economía extractiva.

Demográficamente, ¿qué porcentaje de la población boliviana vive aislada exclusivamente en formas de producción primitivas, anteriores al capitalismo? ¿Un 30 o 40%? Estos sectores, por la manera en que producen, con herramientas primitivas y desprovistas del auxilio de las ciencias, en su relación con la tierra están obligados a atribuir a los fenómenos naturales poder y espiritualidad, concepción animista común a todos los pueblos primitivos. Por ejemplo, para ellos, la cantidad de comida no depende de la capacidad productiva del hombre, sino de la bondad o la avaricia de la "Pachamama" a quien hay que complacerla con ofrendas, "challas", "pijcheos", etc.

Pero, ¿qué de aquel otro sector de la población que actúa inmerso en las formas de producción capitalistas, con el auxilio de la tecnología más avanzada, ese sector que vive en las grandes ciudades totalmente aislado de la naturaleza? No cabe duda, desarrolla una conciencia y una manera de concebir la realidad distinta a la del campesino originario que raras veces tiene la oportunidad de llegar a las grandes ciudades, está al margen del mercado y de las bondades y las deformaciones de la cultura universal.

Algunos defensores de la cultura andina nos dirán que también, cada primer viernes de mes, la gente de la clase media y los obreros "challan" o hacen la "khoa". Eso es cierto, pero nadie podrá negar que esas prácticas culturales tienen connotaciones muy diversas.

Para las capas de la clase media, estas prácticas se han convertido en formas de vida social que terminan en fiestas y farras, y que llenan determinadas necesidades de comunicación entre gentes que durante la semana viven absorbidas por las obligaciones del trabajo. Entre las personas con inclinaciones religiosas se produce una simbiosis cultural donde son comunes las asociaciones de los dioses cristianos y los paganos o la superposición de la "pachamama" y la virgen María.

En materia educativa, es un abuso el pretender generalizar la cultura andino-amazónica a una realidad diversa y extremadamente compleja. Ahora los críticos de la homogeneización urbana del Código de de la Educación movimientista se han desplazado al polo opuesto, están postulando una homogeneización andino-amazónica en todos los sectores que no tienen nada que ver con estas formas de cultura.

Lo grave y retrógrado es que con esta concepción educativa no sólo se está planteando la convivencia de formas culturales que representan al pasado y al presente, sino la primacía de la primera sobre los logros de la cultura universal; por esta razón, la curricula que se pretende imponer pondrá en un plano superior las costumbres, las cosmovisiones nativas, las formas de producción primitivas, los "saberes andinos" que abusivamente llaman conocimientos científicos, etc., con referencia al desarrollo de la ciencia universal.

Como estos teóricos niegan el valor de la razón por representar a la "cultura occidental", confunden por ejemplo cosmovisión con filosofía. Ramiro Cuentas, el teórico andino stalinista, por ejemplo, ha dicho que la cosmovisión andino-amazónica se enseñará en la asignatura de Filosofía.

Críticos de la "cultura occidental" no van más allá del conductismo capitalista

Los defensores de la nueva currícula parten del diagnóstico correcto de que la educación, hasta ahora, ha sido y es repetitiva y memorística, pero, debido a sus limitaciones, no señalan a qué se debe esta caracteristica de la educación universal.

Estos señores que teorizan que la naturaleza y el hombre son una unidad inseparable, que el hombre es la prolongación de las piedras y que comparte de la espiritualidad de los fenómenos naturales; están impedidos de comprender la esencia del fenómeno del conocimiento como producto de la relación entre un sujeto actuante y transformador y el objeto en permanente cambio y movimiento.

Desconocen que el hombre, si bien es el resultado más elevado del desarrollo de la naturaleza, es también el resultado de muchos saltos cualitativos que lo hace esencialmente diferente de los niveles de evolución inferiores y, precisamente, la conciencia es una de las manifestaciones de este proceso.

No hay que cansarse de repetir que las actuales características de la educación obedecen a la naturaleza de la producción capitalista donde se produce una ruptura entre la fuerza de trabajo y los medios de producción que, en el plano educativo, se manifiesta como la ruptura de la relación entre el alumno y el verdadero objeto del conocimiento. En esto consiste la causa última de la crisis de la educación en nuestra época que se refleja en la imposibilidad de lograr el conocimiento y la construcción de la ciencia. Toda reforma, que se precie de ser seria, no puede hacer abstracción de este problema y tiene ese pecado la reforma indigenista del gobierno.

Si realmente se busca superar la crisis educativa, la tarea es restablecer esta relación sujeto - objeto, en la que el primero actúa sobre el objeto de manera transformadora y creadora, en esto radica el trabajo como una verdadera categoría pedagógica, como el único medio donde efectivamente puede darse el fenómeno del conocimiento.

Además, es el único medio en el que el ser humano, no sólo desarrolla sus potencialidades cognitivas, sino también su cuerpo, su sensibilidad, su imaginación, etc.; a esto hemos llamado el desarrollo integral del ser humano.

No se tata, por otra parte, de un proceso que realiza el ser humano de manera individual, estamos hablando del proceso educativo inmerso en la producción social.

Nada tiene que ver con esta concepción educativa la reforma indigenista y su malla curricular. Cuando hablan de "la educación para la producción" no van más allá de la concepción funcionalista del conductismo utilitarista.

Señalan que es preciso desarrollar en el alumno, desde los primeros cursos de la escolaridad, "competencias y destrezas" en determinadas actividades productivas. La idea es que, al suprimirse el bachillerato humanístico, vigente hasta ahora, se imponga en todo el sistema educativo el bachillerato técnico - humanístico. Los alumnos deben ser aptos para desarrollar actividades productivas y especializados en las diferentes ramas de la producción.

Se trata pues de la tradicional concepción de que la educación debe formar hombres útiles para la producción, mano de obra calificada o técnicos competentes como auxiliares de la producción cada vez más complicada. Esto mismo es lo que, en su momento, plantearon los teóricos del conductismo que bien respondía a las necesidades de la producción capitalista; pero, a diferencia de nuestros indigenistas, tuvieron la ventaja de haber desarrollado toda una concepción psicológica basada en la relación estímulo - reacción que determina el desarrollo de la conducta humana.

¿Qué base epistemológica nos proponen los "sabios andinos"? simplemente la inmersión del hombre como parte componente e indisoluble, sin ninguna diferencia esencial con los fenómenos de un cosmos pletóricos de espiritualidad. Si tomamos como base semejante principio, antes que epistemológico religioso - panteista, estamos lejos de tomar el fenómeno educativo desde una perspectiva realmente científica.

Cuando la reforma "Siñani - Pérez" y su malla curricular hablan de la educación para la producción es indisimulada su orientación de pretender revalorizar y generalizar formas de producción pre - capitalistas, o sea el atraso, en un mundo en que la tecnología ha dado tantos saltos. Para justificar ese despropósito nos dicen que la tecnología occidental destruye la naturaleza y por eso hay que retornar a las formas y técnicas de la producción tradicionales.

No es la máquina quien destruye la naturaleza sino la angurria de ganancia del capitalista. De lo que se trata, si queremos salvar el habitat terrestre del hombre, es acabar con la barbarie capitalista que está destruyendo no sólo al planeta sino también a sus habitantes.

La concepción educativa indigenista es retrógrada porque pretende volver al pasado y afincarse en el atraso con la esperanza de encontrar la felicidad.

No se trata de negar simplemente todo lo que ha hecho el capitalismo, si esto se entiende por cultura occidental, sino de rescatar todo el desarrollo de la ciencia y la tecnología para ponerlo al servicio del conjunto de la humanidad y producir de manera racional preservando la naturaleza.