La invasión de Sudamérica

Bases militares

Antonio Peredo Leigue

Abril 12, 2010
Siete bases militares del Pentágono en Colombia, ya alertaron a los países de América del Sur sobre las intenciones de dominar todo nuestro territorio. Una acuciosa analista desveló una cláusula del tratado entre los gobiernos de Washington y Bogotá: la más importante de esas bases y, en realidad, todas ellas, podían ser utilizadas para combatir el peligro representado por los países llamados extremistas. Bolivia, Ecuador y Venezuela son los blancos a los que está dispuesta a disparar todas sus armas la Casa Blanca.

Con voz sentenciosa, el presidente colombiano Álvaro Uribe, recientemente. Ha recriminado a los países enriquecidos, por ser condescendientes y hasta propicios a los gobiernos que, disfrazándose, trabajan por instaurar el odioso comunismo en Nuestra América. Tal declaración sería motivo de risa, si se tratase de un activista político o funcionario derechista. Como es el mandatario que firmó el tratado para la instalación de las bases militares, hay que deducir que anuncia los planes de ataque en preparación, a partir de las bases instaladas.

El presidente Barak Obama, que muy pronto se demostró como continuador de las políticas de dominio, aprobó con entusiasmo la reactivación de los planes de invasión, postergados durante tanto tiempo. Los halcones del Pentágono han visitado otros dos países y firmado acuerdos con sus gobiernos. Si consideramos que, aparte del despliegue que está haciéndose en Colombia, ya hay una base en Paraguay desde hace varios años, debemos concluir que se trata de una silenciosa invasión. Pero muy pronto, como es previsible, habrá tanto ruido que, las detonaciones, se escucharán en el mismo centro de Europa.

Por supuesto, no había momento más propicio para que USA envíe a sus más duros negociadores a Lima, pues el gobierno de Alan García, poco más o menos, estaba reclamando no estar en el lugar de Colombia, en cuanto a instalación de bases militares de Estados Unidos de Norteamérica. De plácemes, el presidente peruano ha dado libertad al Pentágono norteamericano, para que instale sus bases. Un hecho destacable o quizá un dato reservado, es que el tratado entre ambos países no se ha dado a conocer. Claro que, sabiendo cuáles son los alcances del “Plan Colombia”, que ahora ya no lleva ese nombre pero sigue siendo el mismo, se puede prever lo que sucederá en el país vecino.

La instalación de bases de cualquier tipo en el Perú, el movimiento de efectivos militares, posiblemente marines, en la misma frontera boliviana, es un motivo de máxima preocupación. La luz amarilla que tenía el grado inamistoso en que se hallan las relaciones entre nuestros países, tiene que saltar a rojo; esa presencia militar es un peligro para la seguridad de Bolivia. No es alarmismo falso ni tiene la intención de acusar al gobierno peruano.
En 2006, Bolivia firmó varios tratados con la República Bolivariana de Venezuela. Uno de esos acuerdos, se refería al mejoramiento de los cuarteles fronterizos. Alan García y el entonces su ministro de defensa, Alan Wagner, se declararon alarmados por lo que consideraron, sin mayor fundamento, el inicio de una carrera armamentista en nuestro país.

El presidente Evo Morales, deseoso de mantener buenas relaciones con todos sus vecinos, tuvo un gesto amistoso de gran estilo: envió al ministro de defensa Walker San Miguel, para que explicara personalmente el alcance del mejoramiento que se haría a los cuarteles fronterizos de Bolivia. Aún más: San Miguel invitó a su par peruano a visitar dichos cuarteles y convencerlo, sin ninguna duda que la mejora no tenía ningún carácter agresivo. Wagner vino y recorrió la frontera, siempre acompañado por San Miguel.
Hoy, la situación se ha trastocado. El gobierno de Bolivia está en su pleno derecho para reclamar a su vecino, una explicación suficiente sobre el alcance del tratado que firmó con Estados Unidos. Si Alan García no quiere dar a conocer los términos de ese acuerdo o si Washington insiste en que se mantenga una reserva sobre el mismo, habrá evidencia suficiente de que se está trabajando en planes de invasión. Las palabras de Álvaro Uribe adquirirán, por tanto, un sentido más preciso y, en consecuencia, más ofensivo.

Hace menos de un año, los avances en la conformación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), eran auspiciosos. Todos los gobiernos de la región, incluyendo a los de Uribe y García, habían comprometido su voluntad para unirse en una entidad que mancomunara la industria y el comercio, la agricultura y la defensa del medio ambiente, se estableció una moneda y se fijó la sede de un parlamento de la Unión. En ese contexto, el gobierno del Brasil, propuso la creación de un ente que coordinara las acciones militares de nuestra región. ¿Dónde ha quedado ese impulso?

Es evidente que Washington ha trabajado intensamente para destruir esa propuesta. Los recientes acuerdos militares son un ariete que puede romper tal compromiso. Es evidente que, el presidente Barak Obama, está trabajando con los sectores más duros del poder imperial.

Los países que estamos en busca de un nuevo horizonte debemos diseñar, rápidamente, una estrategia que mantenga a raya las intenciones de quienes se enriquecieron con nuestros recursos y quieren conservar sus privilegios, a sangre y fuego.

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