Un afro, un yuracaré, una yuqui, un guarayo, un guaraní… en la Asamblea Plurinacional.

Gisela López Rivas
giselalopezrivas @ yahoo.es

Dicen que en el acto de entrega de credenciales, fue muy emotivo el momento en que Jorge Medina Barra, afroboliviano, recibió su credencial como parlamentario de la Asamblea Plurinacional Boliviana. Lo mismo sucedió cuando Rinha Aguirre, una no vidente, senadora por Tarija, recibió sus documentos de parlamentaria. Imagino –aunque pasó desapercibido para la prensa- que ha debido suceder lo mismo en el más profundo, pero silencioso, sentimiento del indígena yuracaré, Eleuterio Guzmán Zelaya, que por primera vez en la historia –no sólo del periodo democrático- de Bolivia desde su fundación, llega a ese cónclave.

Ha llegado también por primera vez un guarayo, Bienvenido Zacu. Quién iba a pensar ver a Bienvenido sentado en el mismísimo ex Congreso, hoy Asamblea Plurinacional, haciendo incidencia en favor de su pueblo cuyas tierras se las han rifado entre cuatro. O ver a Eleuterio Guzmán Z., el yuracaré, y a su suplente, Luisa Guaguaguasu, una yuqui, agotando esfuerzos para que sus culturas no desaparezcan, no mueran. Para que sus pueblos dejen de ser "etnias en extinción".

Es increíble saber que el pueblo chipaya también tiene uno ahí, metido entre 166 asambleístas. Los chipayas que viven como en otro planeta, en el confín del mundo, olvidados, como si esos territorios no fueran también Bolivia. Ahora tienen quien los represente, aunque sea uno.

Los guaraní también llegaron. Seguros de que cuando quieren pueden, se arriesgaron a la votación uninominal y ganaron en la Circunscripción 59 de Santa Cruz postulando al máximo líder de la Asamblea del Pueblo Guaraní: Wilson Changaray, quien ahora tendrá que, desde la Asamblea Plurinacional, luchar por la liberación total de su pueblo que, aunque lo niegue hasta la Iglesia, una parte sigue siendo sometido a la esclavitud, al cautiverio, a la servidumbre (no lo digo yo, me remito al informe de Naciones Unidas, del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de 2007-2008).

Wilson tendrá que luchar por la recuperación del territorio de su pueblo y para que las comunidades cautivas sean liberadas de las haciendas. Para que aquellas que se incrustaron en lo más recóndito, para preservarse culturalmente y liberarse del yugo patronal, también se liberen de esa autocondena y sientan que Bolivia también es de ellos y que ellos también son Bolivia. Seguramente habrá fiesta en Tentayape ("la última casa", en guaraní) porque este hecho significa un atisbo, una señal de que está cerca el tiempo en que "nunca más tendrán patrones".

Pedro Nuni, mojeño, ex vicepresidente de la CIDOB, también se aseguró un curul. Ya lo veo a Pedro, orgulloso de su pueblo, de su cultura, de sus costumbres, parlando en igualdad de condiciones con los que no son indígenas.

De más de 30 escaños especiales que demandaron las naciones indígenas originarias de Bolivia, terminaron consolados por la clase política vigente –incluida, y con mayoría, el MAS- con sólo con siete espacios. Pero se han dado modos, con base en alianzas y en la voluntad de "ceder", para ser más de siete.

La dura lucha por la reivindicación de derechos que han librado los líderes indígenas en los últimos años ha sido una verdadera escuela superior, mejor que las universidades del mundo por donde se ha paseado la clase política tradicional boliviana. Los indígenas han hecho lo que los experimentados políticos, estudiados y formados, muchos hasta estrategas de la política, no han podido hacer: Alianzas.

¿Cómo repartirse 7 escaños entre más de 30 pueblos que pretendían ocupar uno por lo menos? Fue la gran pregunta. Repitieron la estrategia que implementaron rumbo a la Asamblea Constituyente: Alianzas.

Han aprendido que hay momentos en que unos deben ceder el espacio a otros. Saben, perfectamente, que divididos no pueden llegar. Y ahora han llegado. No todos, es verdad. Hay que reconocer que la Asamblea Plurinacional aún no es tan plurinacional que digamos, que la diversidad boliviana aún no está representada en ese Poder y que aún falta mucho camino por recorrer.

Y es que, más allá de la crítica que una tiene sobre las últimas definiciones electorales con miras a abril próximo, donde los mejores espacios siguen en manos de los "tradicionales", el proceso de cambio va imponiendo, casi por la fuerza, el verdadero cambio. Pero de a poquito.